Nuevas rutas de lo insólito en Abrir las manos de Cheri Lewis

Fernando Burgos (Profesor de Literatura, Universidad de Memphis, Tennessee)

Abrir las manos (2013) de Cheri Lewis es una colección de cuentos que ofrece una gran diversidad temática vertebrada a través de una narratividad conectada a lo insólito. Esta experiencia de lo extraño se vincula tanto a la dimensión de lo fantástico como a la de lo supernatural, y también a la de lo real. Junto a las múltiples variables que crea esta dinámica narrativa, los cuentos de Abrir las manos buscan asimismo encontrar la instancia de una relevación en el curso de su escritura en lugar de contar con un plan narrativo pendiente de los detalles de su realización final. El cuento “Mujer hecha pedazos” parece ofrecer una explicación al hecho de que una mujer pierda un brazo: “Ay, Eduardo, he perdido las llaves, el pasaporte, la cartera, ya perdí el amor de mi vida, cómo no se me iba a perder también un brazo” (Abrir las manos 4). Sin embargo, más que un razonamiento se trata de una salida humorística a través de la cual el eje de lo insólito permanece flotando en la atmósfera del texto. De este modo debemos volver al cuento para encontrarnos con los términos artísticos de su plasmación epifánica de la que surge una serie de retratos sobre la fragmentación del cuerpo de la mujer.

Esta cuestión abre a su vez dos inscripciones artísticas. En la primera vemos el fallido rescate que Orfeo intenta de su esposa Eurídice del mundo de las tinieblas para quedarse en sus manos solo la evanescencia de ella en el momento que se torna a mirarla antes de llegar a la superficie de lo real. En la desesperación de su fracaso y en el haber infringido el consejo de no mirar a su esposa sino hasta llegar a la dimensión del mundo visible parece ya haberse anunciado el desmembramiento de Orfeo en medio del frenesí de las Ménades. En ambas ocasiones el castigo es activado por una desobediencia. La lira de Orfeo parece no tener lugar en un mundo regimentado. El desmembramiento adviene porque se rechaza.

El segundo estamento literario proviene de Antonin Artaud, es decir, el concepto artístico de cuerpo sin órganos, lo cual para el escritor francés significaba la libertad ya que el cuerpo sin órganos se liberaba de sus reacciones automáticas, pudiendo alcanzar así su poder creativo. Aspecto sobre el cual Deleuze y Guattari construyen la diferencia entre órgano y organismo, y la noción de que el cuerpo sin órganos lo que rechaza es la organización y por tanto el poder, todo tipo de supremacías, especialmente el poder fascista que se ejerce sobre el cuerpo. En su concepto, el cuerpo sin órganos es así el estado embrionario del óvulo, el sustrato de ser y por ello precisamente es que el cuerpo sin órganos es sólo posible como devenir, nunca como realización final. Es rechazo y resistencia a los órganos-máquinas como sostienen Deleuze y Guattari.

En el cuento de Lewis un cuerpo que pierde sus órganos libremente así como un brazo que se le desencaja a una mujer en cualquier lugar y sin justificaciones de enfermedad ni de anomalía alguna produce una reacción social e institucional de susto, alarma, disgusto, e incluso de percibírsele como aberración humana. En este punto se abre la proclama de una sociedad absurda: “’Se asustan porque a uno de le caiga una mano o un pie, pero les parece completamente normal abrirse las tetas y meterse dos bolsas gigantes de silicona. Es más, hasta lo pregonan con orgullo por ahí’” (Abrir la manos 3). En lo insólito y lo absurdo se desenvuelve el poder creativo, y por lo tanto el crítico: el invasivo poder de abrir un cuerpo, remover tejidos e implantar órganos artificiales no es una anomalía desde el momento en que se haya establecido su institucionalización hegemónica y añadido a ello un estándar artificial de belleza y hasta de éxito social.

Sin embargo, para la auto-atribución de superioridad de esa organización social, el cuerpo de una mujer que pierde sus órganos para devenir un estado de ovulación en el que se hayan desprendido todos los automatismos sociales, toca en lo monstruoso. El tono humorístico que se deja ver hacia el final del cuento revela que los significantes del texto giran en torno al desarrollo de una sátira mediante la cual Lewis remueve calcificadas nociones socioculturales y especialmente los totalitarismos sociales. No me refiero sólo a lo político sino al control del cuerpo, a los numerosos y absurdos dictados a que se le somete sin que medien cuestionamientos. El cuerpo responde tanto a una idea de su aprovechamiento mercantil como a la formación de ideales, formatos, armonías, y perfecciones que solo pueden haber sido logradas por su abuso fascista. “Mujer hecha pedazos” es un texto político, es decir, la realización de un encuentro entre arte y su compromiso cívico.

Los significantes de cada uno de los cuentos de Lewis se diseminan así en tomas, secuencias, escenas o cuadros en lugar de hallárseles en la conclusión de la historia. Y aunque me he referido a una terminología cinematográfica, los textos de Lewis parecen estar más cerca del lenguaje pictórico que el del cine. El cuento “Sangría” ilustra esta idea de realizar un cuadro que escoge un motivo determinado, abandonando por entero la praxis narrativa de resolución. Los elementos de la pintura atañen principalmente a los de la narrativa gótica que van desde el siglo dieciocho hasta el diecinueve. Una niña que ha roto la prohibición de sus padres de acercarse a una casita situada en el jardín del hogar desencadena el surgimiento de lo supernatural con la enfermedad de la joven y la inmersión en un universo alucinante en el que se mezcla la fiebre de la paciente con la aparición de un ser híbrido entre hombre y vampiro que succiona la sangre de la niña luego de haberse aplicado el antiguo procedimiento médico de extraer sangre con fines curativos cuya práctica milenaria se extendió hasta el siglo diecinueve.

Mientras en el primer piso de la casa comienza la fiesta del cumpleaños de la hermana, en el de arriba se ofrece la pintura de una joven que ha sido amarrada a la cama y con el padre encima de ella inmovilizándola en el momento que se realiza el acto de la sangría, un poderoso significante del cuento que permite la ramificación de elementos sugerentes: el ambiente gótico del horror, el vampirismo, las alusiones libidinosas del vampiro y la ciencia, el despertar de la adolescencia, el arribo de la menstruación, la iniciación sexual. La fascinación del cuento así como en los mejores logros del arte del romanticismo consiste precisamente en lo que el romanticismo fue: un encuentro con las esencias encantatorias de los universos humanos para los cuales el invasivo desarrollo del racionalismo fracasaba.

Abrir las manos es una obra llena de sorpresas. Un libro que nos sumerge en corrientes subterráneas navegadas con imaginativos universos. Ese descenso profundo en la imaginación conlleva un enriquecimiento de nuestros contextos sociales y de nuestra vida síquica. Lewis lee en su interioridad la de todos nosotros, la de lectores que buscan en el arte no tanto respuestas sino sensaciones que nos hagan sentirnos seres íntegros con todas su redes de complejidades, indecisiones y preguntas.

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