El absurdo y el humor en Cheri Lewis

Araceli Soní Soto – Doctora en letras modernas por la Universidad Iberoamericana de México.

La panameña Cheri Lewis recurre al absurdo y al humor para contar historias. Lo manifiesta en cuentos inverosímiles como “Mujer hecha pedazos”, en el que a la protagonista se le caen los brazos y las piernas en cualquier momento, pero quien de manera natural se los vuelve a colocar. Durante la vida se pueden perder muchas cosas, desde las partes del cuerpo, los objetos, los documentos, pero hay pérdidas trascendentes y sin embargo ocurren, se infiere de la lectura. El cuento, entonces, se puede interpretar como una metáfora de un corazón destrozado; la “mujer hecha pedazos” es aquella que ha perdido la razón ante la desaparición del amor: “he perdido las llaves, el pasaporte, la cartera, ya perdí al amor de mi vida, como no se me iba a perder también un brazo”, dice el texto. En los cuentos “El delantal rojo” y “Testamento” también está presente el absurdo y el humor y se emplean para restar dramatismo al significado de la enfermedad y la muerte. En el cuento “Testamento”, además, a manera de meta texto incluye un testamento realmente descabellado que expresa la última voluntad de la fallecida madre de tres hijos. Con esto, la escritora recrea la muerte, a la vez que ironiza a la burocracia de manera humorística.

Respecto a la manera de recrear a sus protagonistas mujeres, Cheri Lewis les otorga un rol invertido respecto a lo que comúnmente sucede. Así, Mariana, en el cuento “Lágrimas”, a quien “no le gustaba llorar, pero le encantaba coger”, sufre y llora porque todos los hombres, sin excepción, se enamoran de ella y le basta acostarse con alguno para que deje de interesarle. Aquí, la narradora, emplea un lenguaje soez y humorístico.

En cambio en “La muralla” el estilo cambia, pues a través de una meta ficción teatral hunde a los lectores en una experiencia catártica en la que la música es un factor central. Dos mujeres en el escenario divagan sobre el miedo a la vida y a la muerte, y al quedarse dormidas lo que permea el ambiente es la música de un violín con una melodía muy triste que evoca nostalgia y melancolía. El protagonista de este relato cuenta dos historias a la vez: la que ocurre en la escena teatral y la que vive a su alrededor con dos extraños personajes que se ubican en los asientos aledaños. Las dos historias paralelas (la que vive el personaje y la del teatro) se fusionan ante una idea: la pérdida del miedo ante la vida y la muerte.

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